lunes, febrero 19, 2007

Primeros pasos

Llevo tres dias en Tokio. Esta siendo todo bastante frenetico y, como siempre, nada transcurre normalmente. No se si me pasa solo a mi, pero cuando llego a un sitio nuevo todo se configura para ocurrir de forma (aun mas) rara.

Lo primero que me gustaria es dar un consejo practico. Mirad siempre bien el limite de equipaje de la aerolinea con la que esteis viajando y NO lo sobrepaseis (sobre todo si es Virgin). Os intentaran cobrar los kilos extra como si fueran de percebes. Creo que me puedo ahorrar el relato patetico de idas y venidas en el aeropuerto con maletas de aqui para alla, sacando pilas de una (prohibidas), tirando desodorantes de otras (prohibidos) o poniendo pasta de dientes en bolsas de plastico.

De momento me ha dado tiempo a llegar, dar una vuelta con mi novia en la que malamente conseguia mantenerme despierto, decirle adios por la manhana (se va una semana a Nueva York por trabajo, me deja solo una semana, solo ante el peligro, socorro!), dormir hasta las 4, salir a dar una vuelta, me atropellan 3 bicicletas (aparatos demoniacos), ver el espectaculo de luz que es Tokyo por la noche, pasar la siguiente noche en vela e ir hoy a trabajar.

Durante todo el trayecto al trabajo fui el unico extranjero que vi, lo que me hizo sentirme orgulloso por una parte y preocupado por otra (tiene que haber una razon no??). La gente se empuja para entrar, van a la carrera hacia los sitios en el tren, llevan mascaras de cirujano para no contagiarles el catarro a los demas, miran mucho (pero mucho) el movil y se pueden quedar dormidos en cualquier sitio. El transporte publico, aunque es muy puntual, es bastante maligno y merece un post en si mismo que aun no estoy preparado para escribir porque no lo entiendo bien del todo. Estoy aun en la fase del mono. Si alguien compra un billete, yo lo imito, si la gente va por alla en masa, alla voy yo detras. El problema del mono son los trenes express, que son trenes a mala leche que se saltan algunas estaciones y te pueden dejar donde cristo perdio la boina o como sea el refran ese. La siguiente fase es la del pez: uno cree que se maneja bien pero tiene una memoria de mierda y en cualquier momento se encuentra perdido en un sitio que nunca ha visto antes. Pero yo aun no estoy ahi. Otra cosa, y esto es tan ridiculo que aun no estoy seguro de estar haciendolo bien, es que las lineas de tren son independientes y se necesita un bono o tarjeta diferente para cada una. Imaginad el caos que es eso. El mes que viene van a implantar un nuevo sistema para poder usar una sola tarjeta, que es algo tan evidente que sinceramente es todo un shock que no se les haya ocurrido antes. Quiza por eso este nuevo sistema se llama PASMO , como el que le daria a cualquiera que se lo cuenten vaya.

Por lo demas, todo marcha bien. La comida es tan buena que incluso cuando me como cosas que deberian estar calientes frias estan ricas. La gente es amable y educada, o por lo menos esa es la impresion que me da (podrian estar diciendo cualquier cosa). Creo que esto va a ser dificil, no hay duda, no hay mas que mirar a cualquier papel escrito para darse cuenta, pero tambien divertido, diferente, y muchas cosas mas con di-.

Yo de momento me concentrare en intentar disfrutar (di-) lo que pueda y formar cada vez mas parte de todo esto. Por ejemplo, cuando tengo que andar entre la multitud, de una estacion a otra, cierro los ojos y solo oigo pasos, toda una sinfonia de pasos, y los pasos son todos iguales, los suyos, expertos, y los mios, los primeros.

sábado, febrero 10, 2007

La gran evasión

Con mucha diferencia, lo peor de mudarse es el transporte físico de efectos personales. Dejar a amigos y familia, llegar a una ciudad que no conoces, aprender un idioma de locos, acostumbrarte a un nuevo trabajo... todo eso es más o menos difícil o incluso traumático pero no es ni remotamente comparable al hecho fatídico y penoso de tener que hacer las maletas.

Para empezar, como todos los que estudiamos ciencias sabemos, el universo tiende a un estado de máxima entropía o desorden, y un ejemplo a pequeña escala del universo podría ser perfectamente mi habitación. Después de varios años de esfuerzo distribuyendo por ella uniformente papeles, ropa sucia, cds, libros y en general mierda, es antinatural intentar seleccionar y empaquetar todo en el volumen reducido de una caja o maleta. Ademas las cajas suelen tener forma de cubo y no todo es cúbico: como se mete un zapato en una caja o maleta? mmm, vale, en una caja de zapatos, gran idea, ¿ves? ya sabía yo que tener un blog y escribir me era útil de alguna forma.

Recogiendo, seleccionando y empaquetando me he dado cuenta de varios hechos curiosos:

  • No había perdido tantos paraguas como creía en un principio
  • Me he olvidado de dar un par de regalos a alguien
  • La cocina no es el único sitio donde buscar vasos o pizza
  • Que asco

Al final, casi todo el peso y el espacio en las cajas lo ocupan libros, libros y más libros, de todos los tamaños imaginables y que nunca coinciden bien con el de la caja. Yo todavía no entiendo eso de que el saber no ocupa lugar. Debe ser el saberselo todo de memoria.

Lo peor es que mudarse no solo nos afecta a la hora del traslado en si. Si uno cambia de sitio o domicilio con relativa frecuencia (mi caso en los últimos 5 años), el miedo al hecho del empaquetaje (empaquetamiento? empaquetación?) está siempre presente en cualquier momento en el que la masa total de nuestras pertenencias puede incrementarse. Por ejemplo, desde hace bastante ya procuro leer libros más cortos y sólo si los tienen en edición de bolsillo. Cuando dudo entre dos he llegado a poner uno en cada mano y escoger el más ligero. También he dejado de comprar discos. No es por nada del canon, ni la sgae, ni el tedi flautista ese ni ningún fetiche informático de moda, sino porque pesan, y el peso es el mal. Los dvds están automáticamente descartados por el obsceno tamaño de las cajas. Y bueno, ya ni hablo de comprar muebles, solo reservado al masoquista más radical o al típico que te invita a tomar café y cuando llegas te pone a cargar la furgoneta de su mudanza. Uno acaba teniendo miedo de comprar cosas nuevas porque no puede dejar de imaginarse esa cosa en una maleta sobre su espalda, y este estado psicológico es claramente inaceptable en una sociedad de consumo como la nuestra.

¿Cual es la solución? ¿Hay algo que nos permita no renunciar a tener posesiones materiales pero que no nos haga esclavos de ellas? Una clara es comprarse una casa, pero parece haber una conspiración a muy alto nivel entre las discográficas/editoriales/ikea y las inmobiliarias a este respecto, que sube los precios hasta un nivel en el que aún tengo que traducir a pesetas para saber si va en serio o no, así que esta opción no es viable. Lo que yo he hecho es ponerme una meta: tengo que poder tener todo lo que vale la pena tener en un disco duro externo de 300Gb (mi perro fiel, al que me voy a referir a partir de ahora como Cerbero). El disco duro externo es la meca del viajero, del vago o del viajero vago. Pesa poco, es universal y puede contener, con un poco de dedicación y una conexion a internet, casi todo lo que necesita una persona que, siendo sinceros, son básicamente libros, películas y canciones. No es un medio perfecto aún. Los libros son bastante incómodos de leer en el ordenador (y es lo que más pesa!) y hay aún un cuarto elemento en discordia, la ropa, que parece un objetivo difícilmente alcanzable para nuestro Cerbero. No obstante, es un comienzo y yo he logrado reducir la masa total de viaje sensiblemente.

Hay más cosas dolorosas en irse de un país. Cambiar todas las facturas de nombre por ejemplo. Tal y como funciona eso aquí me estoy planteando decirle al banco que rechace todos los cargos y asumir mi cara en un cartel de wanted cuando vuelva por Europa. Pero esto es otra historia, una que con toda probabilidad no merece ser contada.

Ah! Por cierto, que todo esto venía a que dentro de menos de una semana estaré ya en Tokyo. Me he propuesto cambiar el estilo del blog un poco, voy a intentar hacer algo un poco más clásico, ya sabes, más posts, más cortos, alguna fotillo... ahora a ver si lo hago en vez de decirlo. En cualquier caso por mucho que escriba ahora mismo de lo que no me escapo es de 4 cajas con logos de FedEX y hasta los topes de libros que me están mirando desafiantes. La lucha no ha terminado: será larga y dolorosa, pero se que ganaré porque tengo a Cerbero de mi lado.

jueves, noviembre 30, 2006

La última cruzada

Hoy he dado el último paso, realmente simbólico, de algo que va a cambiar bastante mi vida y, con un poco de suerte, la miserable frecuencia de actualización de este blog. Hoy he recogido mi pasaporte de la ventanilla número 5 del departamento de inmigración de la embajada de Japón en Londres, estampado con un visado que me autoriza a trabajar en el país y que sella definitivamente mi decisión de irme a vivir allí.

Se que la mitad de los que leeis esto ya lo sabíais, pero a las cosas importantes hay que darles un toque un poco dramático no? Bueno, para los que no lo sabíais, va totalmente en serio. He encontrado y aceptado un trabajo como informático en Tokyo y me voy a vivir allí aproximadamente a finales de Enero.

Las razones por las que me voy son numerosas y variadas. Por ejemplo, absoluta irresponsabilidad, incapacidad de compromiso con un lugar concreto y gusto por las situaciones que incluyen problemas comunicativos. También porque es un país que me ha atraído desde siempre, que me ha encantado (pongo esta palabra porque me resulta cursi poner “enamorado”) cuando estuve y también porque mi novia vive allí desde hace un año y la verdad es que la distancia y el tiempo empezaban a incordiar un poco. No estoy seguro de qué conjunto de razones pesan más, pero estoy más orgulloso del segundo.

Aún no soy muy consciente de todo lo que supone irse a vivir a un sitio tan lejano y diferente, y supongo que por mucho que me cuenten o que imagine muchas cosas las descubriré sólo cuando esté allí. Inglaterra es un país europeo (que no me oigan), con unas costumbres y cultura más o menos parecida a la española, y aún así cuando te vienes a vivir aquí no sabes realmente como te vas a encontrar ni si vas a poder hacer un balance positivo entre las ventajas e inconvenientes (hay que tener en cuenta que la comida es un como una especie de pesa de plomo en la parte de los inconvenientes). Tratar de imaginar la vida en Japón es casi ciencia ficción. Aún así creo que tengo una ligera idea de algunos de los problemas que mucha gente encuentra allí y está claro que cualquier estrategia de éxito pasa por un enorme esfuerzo. El primer esfuerzo y quizá el más obvio es aprender esa locura morbosa en forma de lenguaje llamada japonés. Creo que no lo he comentado nunca en el blog, pero llevo casi un año en clases y bueno... es un poco como un iceberg: cuando crees que hay un montón de problemas sobre el agua en realidad la mayoría aún no los conoces. Realmente no me extrañaría que el idioma influyera de alguna manera en la tasa de suicidios del país... Ahora en serio, el idioma es un buen ejemplo de que uno tiene que hacer esfuerzos muy grandes para poder encontrar su sitio en un país así. No es imposible (esto está por demostrar) pero hay que mentalizarse. Supongo que también encontraré hábitos y comportamientos muy diferentes a los que estoy acostumbrado. Esto es algo que ya se puede intuir yendo de turista o leyendo un poco, pero hasta que no eres parte del engranaje social no lo percibes realmente. Por poner un ejemplo cercano, no se puede subestimar lo deprimente que es el metro de Londres y un fin de semana aquí, aunque te lo pases encerrado en un vagón, no puede describir la experiencia de sufrirlo durante años.

Sin embargo, yo creo que las ventajas superan ampliamente a los inconvenientes, y cuanto mayores son los problemas y dificultades mayor es la recompensa (¡no os riais coño, como no piense así no hay manera!). Por ejemplo, aprender un idioma es mucho más que poder preguntar direcciones, es una puerta abierta a una toda una cultura, y aprender un idioma como el japonés lo es a una normalmente más difícil o a la que menos gente tiene ese tipo de acceso. Conocer y comprender la mentalidad y costumbres de un país como Japón es enriquecedor, nos saca mucho más de nuestro marco habitual, nos ayuda a entender que no todo es como esperábamos. Y además, y no es lo menos importante, ¡no os imaginais cuanto mejor es la comida en Tokyo que en Londres!

Pero bueno, hay mucho que hablar sobre Japón y mucho más por venir. Ahora mismo la verdad es que estoy más concentrado en cerrar capítulos aquí y aprovechar para hacer cosas que tenía pendientes. La verdad es que una de las cosas más difíciles de cambiar tanto de sitio o en general de dejar el lugar donde vives son las despedidas. Uno llega a odiarlas y si eres un extranjero viviendo fuera vives rodeado de ellas. Primero, uno vuelve a casa por navidad y demás fechas señaladas o vacaciones. Esto implica despedidas cuando te vas, además de darte cuenta de que cuanto más tiempo pasa más tiempo y distancia pones entre ti y tus amigos de toda la vida (aunque un buen amigo lo es siempre, como una buena hernia o una buena cicatriz). Después una ciudad como Londres implica gente de todas partes que suele venir por razones concretas y que es fácil que o ya vengan por un tiempo determinado o que se vayan a otro sitio en algún momento, con lo que es común que los amigos que haces aquí se vayan o se vuelvan, o que te vayas tú. Eso suman más despedidas (y además da una sensación de temporalidad a muchas relaciones personales). Supongo que habrá gente a la que todo esto no le importe tanto pero yo personalmente no le cojo mucho apego a los sitios sino a las personas y francamente, es un palo tener que ir diciendo adiós cada poco tiempo. La otra cara de la moneda es que siempre conoces gente nueva, pero todos sabemos que la mayoría de la gente es idiota, así que estadísticamente hablando, conocer gente suele ser una experiencia decepcionante.

Volviendo la vista atrás, en estos casi dos años y medio que he estado en Londres ha habido de todo. Cosas buenas y otras no tanto pero en general ha sido una experiencia que ha valido mucho la pena. Había pensado en poner una lista resumen de las diferencias que he visto con España, que cosas están mejor y que cosas están peor pero siendo sincero conmigo mismo, jamás encontraría la energía para hacer algo así y además no es algo que se pueda poner en una lista tan fácilmente. Londres es una ciudad en la que uno tiene que encontrar lo que le gusta hacer, puedes hacer casi de todo, pero hace falta ser una persona activa. A veces cuando hay demasiadas posibilidades acabas por no hacer nada o por no decidirte. Es como esos restaurantes que tienen 135 platos en el menú, lo más normal es que no llegues a leer ni el primero y acabes preguntando si no tienen un menú del día.

Yo me llevaré muchos recuerdos, recuerdos de paseos por la orilla del Támesis, de tardes enteras en tiendas de libros y discos, de vagar por el Soho, de entrar en el museo británico y quedarme mirando el techo, de cerveza y risas en pubs, de seguir a mi novia por los puestos del mercado de Spitalfields, de sudar del picante de la comida, de los rascacielos y los buses de dos pisos, de las fiestas, de los días en casa, de los viajes, de la gente e incluso del metro.

Supongo que a partir de ahora escribiré sobre Japón, sobre la vida allá, sobre temas interesantes a veces y chorradas que a nadie importan la mayoría, un poco como siempre, pero ahora más cool porque lo haré desde más lejos. Supongo que allí me pasarán diariamente cosas raras como para llenar páginas y páginas, habrá que ver si puede más el ansia divulgativa o la pereza (hasta ahora ya sabemos quién va ganando). Espero al menos subir un poco la frecuencia de actualización (esto lo digo con timidez).

Estos próximos días hasta que me vaya los pasaré trabajando en la nueva empresa pero en la oficina de Londres y seguramente en España en navidad. Después cogeré un avión que me dejará en la capital del imperio nipón. Una vez allí, sin más dilación reanudaré la búsqueda del Santo Grial. Parece que no estaba en Londres, y no se si lo encontraré algún día pero no por ello dejaré de buscarlo. La próxima pista me lleva lejos, muy lejos, hacia el este, siempre hacia el este...