jueves, noviembre 30, 2006

La última cruzada

Hoy he dado el último paso, realmente simbólico, de algo que va a cambiar bastante mi vida y, con un poco de suerte, la miserable frecuencia de actualización de este blog. Hoy he recogido mi pasaporte de la ventanilla número 5 del departamento de inmigración de la embajada de Japón en Londres, estampado con un visado que me autoriza a trabajar en el país y que sella definitivamente mi decisión de irme a vivir allí.

Se que la mitad de los que leeis esto ya lo sabíais, pero a las cosas importantes hay que darles un toque un poco dramático no? Bueno, para los que no lo sabíais, va totalmente en serio. He encontrado y aceptado un trabajo como informático en Tokyo y me voy a vivir allí aproximadamente a finales de Enero.

Las razones por las que me voy son numerosas y variadas. Por ejemplo, absoluta irresponsabilidad, incapacidad de compromiso con un lugar concreto y gusto por las situaciones que incluyen problemas comunicativos. También porque es un país que me ha atraído desde siempre, que me ha encantado (pongo esta palabra porque me resulta cursi poner “enamorado”) cuando estuve y también porque mi novia vive allí desde hace un año y la verdad es que la distancia y el tiempo empezaban a incordiar un poco. No estoy seguro de qué conjunto de razones pesan más, pero estoy más orgulloso del segundo.

Aún no soy muy consciente de todo lo que supone irse a vivir a un sitio tan lejano y diferente, y supongo que por mucho que me cuenten o que imagine muchas cosas las descubriré sólo cuando esté allí. Inglaterra es un país europeo (que no me oigan), con unas costumbres y cultura más o menos parecida a la española, y aún así cuando te vienes a vivir aquí no sabes realmente como te vas a encontrar ni si vas a poder hacer un balance positivo entre las ventajas e inconvenientes (hay que tener en cuenta que la comida es un como una especie de pesa de plomo en la parte de los inconvenientes). Tratar de imaginar la vida en Japón es casi ciencia ficción. Aún así creo que tengo una ligera idea de algunos de los problemas que mucha gente encuentra allí y está claro que cualquier estrategia de éxito pasa por un enorme esfuerzo. El primer esfuerzo y quizá el más obvio es aprender esa locura morbosa en forma de lenguaje llamada japonés. Creo que no lo he comentado nunca en el blog, pero llevo casi un año en clases y bueno... es un poco como un iceberg: cuando crees que hay un montón de problemas sobre el agua en realidad la mayoría aún no los conoces. Realmente no me extrañaría que el idioma influyera de alguna manera en la tasa de suicidios del país... Ahora en serio, el idioma es un buen ejemplo de que uno tiene que hacer esfuerzos muy grandes para poder encontrar su sitio en un país así. No es imposible (esto está por demostrar) pero hay que mentalizarse. Supongo que también encontraré hábitos y comportamientos muy diferentes a los que estoy acostumbrado. Esto es algo que ya se puede intuir yendo de turista o leyendo un poco, pero hasta que no eres parte del engranaje social no lo percibes realmente. Por poner un ejemplo cercano, no se puede subestimar lo deprimente que es el metro de Londres y un fin de semana aquí, aunque te lo pases encerrado en un vagón, no puede describir la experiencia de sufrirlo durante años.

Sin embargo, yo creo que las ventajas superan ampliamente a los inconvenientes, y cuanto mayores son los problemas y dificultades mayor es la recompensa (¡no os riais coño, como no piense así no hay manera!). Por ejemplo, aprender un idioma es mucho más que poder preguntar direcciones, es una puerta abierta a una toda una cultura, y aprender un idioma como el japonés lo es a una normalmente más difícil o a la que menos gente tiene ese tipo de acceso. Conocer y comprender la mentalidad y costumbres de un país como Japón es enriquecedor, nos saca mucho más de nuestro marco habitual, nos ayuda a entender que no todo es como esperábamos. Y además, y no es lo menos importante, ¡no os imaginais cuanto mejor es la comida en Tokyo que en Londres!

Pero bueno, hay mucho que hablar sobre Japón y mucho más por venir. Ahora mismo la verdad es que estoy más concentrado en cerrar capítulos aquí y aprovechar para hacer cosas que tenía pendientes. La verdad es que una de las cosas más difíciles de cambiar tanto de sitio o en general de dejar el lugar donde vives son las despedidas. Uno llega a odiarlas y si eres un extranjero viviendo fuera vives rodeado de ellas. Primero, uno vuelve a casa por navidad y demás fechas señaladas o vacaciones. Esto implica despedidas cuando te vas, además de darte cuenta de que cuanto más tiempo pasa más tiempo y distancia pones entre ti y tus amigos de toda la vida (aunque un buen amigo lo es siempre, como una buena hernia o una buena cicatriz). Después una ciudad como Londres implica gente de todas partes que suele venir por razones concretas y que es fácil que o ya vengan por un tiempo determinado o que se vayan a otro sitio en algún momento, con lo que es común que los amigos que haces aquí se vayan o se vuelvan, o que te vayas tú. Eso suman más despedidas (y además da una sensación de temporalidad a muchas relaciones personales). Supongo que habrá gente a la que todo esto no le importe tanto pero yo personalmente no le cojo mucho apego a los sitios sino a las personas y francamente, es un palo tener que ir diciendo adiós cada poco tiempo. La otra cara de la moneda es que siempre conoces gente nueva, pero todos sabemos que la mayoría de la gente es idiota, así que estadísticamente hablando, conocer gente suele ser una experiencia decepcionante.

Volviendo la vista atrás, en estos casi dos años y medio que he estado en Londres ha habido de todo. Cosas buenas y otras no tanto pero en general ha sido una experiencia que ha valido mucho la pena. Había pensado en poner una lista resumen de las diferencias que he visto con España, que cosas están mejor y que cosas están peor pero siendo sincero conmigo mismo, jamás encontraría la energía para hacer algo así y además no es algo que se pueda poner en una lista tan fácilmente. Londres es una ciudad en la que uno tiene que encontrar lo que le gusta hacer, puedes hacer casi de todo, pero hace falta ser una persona activa. A veces cuando hay demasiadas posibilidades acabas por no hacer nada o por no decidirte. Es como esos restaurantes que tienen 135 platos en el menú, lo más normal es que no llegues a leer ni el primero y acabes preguntando si no tienen un menú del día.

Yo me llevaré muchos recuerdos, recuerdos de paseos por la orilla del Támesis, de tardes enteras en tiendas de libros y discos, de vagar por el Soho, de entrar en el museo británico y quedarme mirando el techo, de cerveza y risas en pubs, de seguir a mi novia por los puestos del mercado de Spitalfields, de sudar del picante de la comida, de los rascacielos y los buses de dos pisos, de las fiestas, de los días en casa, de los viajes, de la gente e incluso del metro.

Supongo que a partir de ahora escribiré sobre Japón, sobre la vida allá, sobre temas interesantes a veces y chorradas que a nadie importan la mayoría, un poco como siempre, pero ahora más cool porque lo haré desde más lejos. Supongo que allí me pasarán diariamente cosas raras como para llenar páginas y páginas, habrá que ver si puede más el ansia divulgativa o la pereza (hasta ahora ya sabemos quién va ganando). Espero al menos subir un poco la frecuencia de actualización (esto lo digo con timidez).

Estos próximos días hasta que me vaya los pasaré trabajando en la nueva empresa pero en la oficina de Londres y seguramente en España en navidad. Después cogeré un avión que me dejará en la capital del imperio nipón. Una vez allí, sin más dilación reanudaré la búsqueda del Santo Grial. Parece que no estaba en Londres, y no se si lo encontraré algún día pero no por ello dejaré de buscarlo. La próxima pista me lleva lejos, muy lejos, hacia el este, siempre hacia el este...

martes, septiembre 05, 2006

Alta fidelidad

Esta mañana decidí que quería comprarme unos auriculares buenos. Últimamente he notado que los uso mucho; a veces me gusta escuchar la música alta y me suelo acostar tarde. Además los que tenía eran de esos que se agarran a las orejas y al par de horas de usarlos el dolor es tan espantoso que me di cuenta de que me estaba dejando el pelo largo solo para amortiguarlos un poco. La lógica nos dice que si usamos algo mucho, no está de más invertir en un algo de calidad. Además tengo que cortarme el pelo.

¿Qué es lo que hace todo informático que se precie antes de comprar algo, sea lo que sea? Efectivamente, se lee 300 páginas web sobre el tema, especialmente foros donde gurús sobre el tema nos enseñan todos los secretos. Lo que interesa es encontrar un sitio o varios en los que se hable a “nivel pro”. Uno distingue algo “pro” cuando:

- De entrada no conocemos casi ninguna marca o modelo
- Se echan pestes de lo que más se vende o es más popular y sería nuestra primera opción si no hubiéramos leído esa web/foro (veis por eso hay que investigar!)
- En general todo es caro, y de lo que más se habla es lo más caro aunque en principio todo el mundo admite que solo un 0.1% de la gente que lo use sería capaz de notar la diferencia
- La web o foro tiene un diseño ultracutre, que parece sacado de 1993. Esto es opcional pero da puntos

Una vez localizada la web víctima, nos pondremos a leer ávidamente. En cinco minutos sabremos las bases. En diez minutos conoceremos las marcas y modelos. En quince estaremos hartos de los malditos dependientes de las tiendas que no tienen ni puta idea. En 20 nos reiremos de los pardillos que entran al foro a preguntar tonterías de principiante.

Los foros son un ecosistema en si mismos. A veces es difícil no sorprederse ante la cantidad de gente que hay al parecer dedicada en cuerpo y alma a absolutamente cualquier tema que se nos pueda ocurrir. Nosotros llegamos al foro y de repente somos saturados de una cantidad ingente de marcas, siglas, opiniones, prejuicios. Los primeros momentos son siempre mágicos: un nuevo mundo se abre ante nosotros, y estamos justo en el sitio donde los maestros de ese mundo expresan sus opiniones con ardua pasión. Hay algunas cosas que son comunes a casi todos estos tipos de foros. Por ejemplo, el primer susto nos lo llevamos con el número de mensajes que alguna gente lleva escritos (en cada mensaje de un usuario de un foro suele venir el número de mensajes de ese usuario). ¿19.000 mensajes? ¿Es eso posible? ¿Y, asumiendo que es posible... es sano? Normalmente la gente con muchos mensajes ya se conocen entre ellos y han establecido una especie de cultura forera que los iniciados pronto imitan. Tics comunes incluyen, por ejemplo, ponerse una firma con una enorme lista del equipo que tienes, que se repite cansinamente en cada mensaje que escribes. Esto es algo así como “pues la mía es así de larga”. En los foros de auriculares es algo así como:

Fulanito (12,472 posts) ha escrito:

Tíos estoy deseando probar el nuevo DBH502, lo acabo de encargar. Quiero ver la diferencia con mi DBH501

-------------------------------------------- <- firma
Equipo para casa: Altavoces LOSTIA 100.000W + Ampli LAPERA 500Wx2
Equipo para la oficina: iPod 60gb + ampli 2v2p 33.1ª + AKG DBH501 + cafe expresso
Equipo portable: iPod nano 4gb + Sennheiser 555porelculotelainco
Equipo cuando me baño: Creative mp3 sumergible + waterproof Technics 212.1 (tuneado)


Otra cosa muy común son los avatares temáticos. Un avatar es un pequeño gráfico que sale junto a tu nombre de usuario y se supone que te representa de alguna manera. En el foro de auriculares la gente tenía fotos suyas con auriculares enormes. Otros, menos atrevidos, ponen fotos de modelos o actrices famosas que algún paparazzi despistado tomó mientras estaban escuchando música plácidamente con sus cascos. Por cierto, no vi a ninguno con una foto de la princesa Leia pero para mi sería la opción más obvia (así que seguro que por eso nadie se lo pone).

Por supuesto, estos foros son fuertemente elitistas, aunque la gente suele ser bastante accesible y les encanta compartir su información (yo si supiera tanto de altavoces estoy seguro de que también estaría deseoso de compartirlo). Un novato que entre preguntando será normalmente bien recibido aunque muchas veces un poco ignorado debido a que habrá hecho una pregunta contestada 100 veces. No obstante si se te ocurre mencionar el modelo maligno verás a los veteranos del foro en acción. El modelo maligno es probablemente el modelo más popular del mercado, que todos los amateurs (amateur es un término que todos los amateurs que pueblan los foros usan despectivamente para referirse a todos los que no son ellos pero que dicen entender del tema) fardan de tener ante la gente “normal”. En el caso de los auriculares la víctima son los Bose Triport (los que venden en las tiendas Apple), basta mencionarlos para conseguir un buen número de respuestas variando entre condescendientes y sarcásticas (en el fondo les encanta).

Lo mejor de todo es que es bastante difícil sacar ninguna conclusión después de leer este tipo de foros un buen rato, y muy frecuentemente acaba uno más liado de lo que empezó. Esto es porque lo que nosotros creíamos que era una cuestión técnica en realidad es una valoración personal subjetiva muy similar a la opinión que puede tener uno de un cuadro o una canción. Muy pronto acabas preguntándote si no merece la pena pagar un poco más para arañar 2Hz más a los bajos y tener ese ohm menos de impedancia, aunque en realidad tampoco sabes muy bien que es nada ni mucho menos has visto de cerca un ohm. Después de haber estado en esta situación ya varias veces, hay una regla que me suele funcionar: comprar el más barato. Normalmente todo de lo que habla esa gente es bueno o muy bueno. Es más, seguro que tendrían problemas para percibir la diferencia entre el más caro y el más barato, así que el más básico está a años luz de lo que nosotros pobres mortales podemos llegar a discernir. En realidad muchas veces se trata más de “tener el mejor” y de masturbación técnica que de resultados, así que es mejor ahorrarse algo de pasta.

Es por cosas como estas por lo que amo internet. En internet tenemos multitud de mundos para explorar a solo un par de clicks. En internet encontramos a gente que es capaz de hablar con una pasión desmesurada sobre cualquier cosa, auriculares, cámaras, abrelatas, coches, porno... para ellos dejan de ser objetos normales y cotidianos y se convierten en un hobby o incluso un modo de vida. Nosotros tenemos la posibilidad de ir ahí y compartir eso, y aunque solo una pequeña parte se pegue, nunca seremos capaces de mirar igual a nuestros auriculares o abrelatas: a partir de ahora serán una obra de artesanía, un pozo de sabiduría, un objeto de deseo.

Yo por mi parte soy el nuevo dueño de unos flamantes auriculares Grado SR60. Suenan tan bien que me parece escuchar nuevos instrumentos en mis canciones preferidas. Estoy redescubriendo la mayoría de la música que tenía por ahí. Y además, han sido más baratos que esa mierda amateur del Triport.



Agradecimientos:
- A toda la gente que escribe en foros

domingo, junio 11, 2006

Tora tora tora!

Hoy he perdido la última batalla de una larga guerra. He luchado contra un enemigo más fuerte, más grande y, lo que al final le ha dado la victoria, más paciente. No obstante he encajado bien mi derrota y pensándolo bien, en cierto modo yo luchaba en el bando de los malos. Este post es la crónica de esa guerra.

Una de las cosas más caóticas de Inglaterra son las facturas. Creo que ya lo he contado alguna vez, pero esta vez me voy a extender un poco más. Lo primero que choca es que en este país se usan cartas para casi todo. Las facturas te las envían por carta, las tarjetas de crédito, hasta los contratos de trabajo, que tienes que firmar y devolver (cuando estás todos los dias trabajando en la misma oficina que el que te lo envió)! Casi toda la burocracia funciona por medio de cartas, recibes cartas, mandas cartas. Hoy en día esto casi resulta exótico. Incluso un pueblo primitivo y salvaje como los españoles tenemos claro que eso de las cartas es una mierda, son terriblemente fáciles de perder, lentas y además si te mudas un auténtico dolor de muelas el cambiar todo al nuevo domicilio. Da la impresión de ser un residuo de la época del imperio (que nostálgicos son), pero el caso es que se siguen usando cartas para casi todo.

Especialmente bizarro es el tema de la facturas. Más aún si lo unimos al hecho de que aquí no tienen DNI. Todo depende del nombre y la dirección a la que te envían la carta en cuestión. Incluso puedes dar un nombre falso, que no pasará nada, para ellos serás un nombre falso y una dirección y nada más. No hace falta ser muy ingenioso para imaginarse el número absurdo de nombres falsos y facturas impagadas que hay por aquí. Ni siquiera hace falta usar un nombre falso, porque un nombre no es prueba de nada y además puede haber decenas de personas con el mismo nombre en una ciudad como esta. Uno puede pensar que bueno, al fin y al cabo, puede que no nos puedan localizar, pero no pagar el agua suele ser sinónimo de no tener agua, lo cual nos impediría hacer té, que no puede ser. Pero ni eso! Por ejemplo, a nuestro piso, en el que ha vivido bastante gente en los últimos años, nos han llegado facturas de un año de impago del agua de los anteriores inquilinos. Un puto año! Como no me creo que estuvieran un año sin hacer té, deduzco que las compañías no dedican mucho tiempo a estas cosas. Sí, llegan cartas de amenazas de juicios y cosas por el estilo, pero no les cortaron el agua. Me imagino que la empresa de agua o del gas deben de tener tantos millones de impagos que solo pensar en perseguirlos un poco más en serio que unas cartas les costaría más que dejarlos correr. Yo creo que es todo culpa de no tener DNIs, pero aquí siguen en contra (jeje, que pillos).

Nosotros decidimos pagar las facturas desde el principio. Como buen español me sentí un poco tonto pagando algo que podría evitar, pero cuando uno vive en un país tiene que adoptar sus costumbres. La única que no quise pagar fue la del Council Tax. El council tax es un impuesto que se paga todos los meses al ayuntamiento por vivir donde vives. Un impuesto un tanto sospechoso y que uno no ve muy bien para que sirve, y que además es caro. El caso es que yo en aquel momento vivía con otros dos compañeros que eran estudiantes y si eres estudiante no tienes que pagar council tax, así que los dos se lavaron las manos y al final quedé yo solo cual David ante el Goliat de la administración pública. Todo esto me cabreó bastante, yo no veía ninguna razón para pagar aquello, sobre todo cuando la casa no es mía. Así que decidí iniciar la guerra: si querían que yo pagara tendrían que pasar por encima de mi cadáver.

Cuando uno pelea contra una organización tan grande y maligna como una administración pública tiene que tener claro cuales son sus armas. Las mías eran básicamente la capacidad de inventarme las mentiras más gordas. La lucha se prolongó durante varios meses. Tuve que usar diferentes técnicas y estrategias, pero parecía que al principio yo me ponía en cabeza. Lo primero que hice es llamar y decirles que yo ya no vivía en el piso a pesar de que el ayuntamiento está a 40 metros escasos de mi casa y todas las demás facturas seguían a mi nombre. Me llevó muchos días, llamadas telefónicas y dolores de cabeza convencerlos, pero lo conseguí dándoles un par de direcciones inventadas por el camino. El momento más bajo de toda la guerra fue cuando un día llamaron al timbre y fui a abrir. La conversación con la chica que estaba al otro lado de la puerta fue más o menos así:

- Hola
- Hola
- Quien eres?
- Soy una inspectora del council tax
- Mierrr…. Esto… ah, estupendo, en que puedo ayudarla, quiere un té?
- No, soy alérgica a esa mierda. Cuando era pequeña me salían bultos terribles cada vez que me bebía un té. Estoy aquí para hacer una especie de censo.
- Euhmm, genial, me temo que no podré ayudarla mucho en eso, malamente puedo contar. Con su permiso, hasta lue….
- No tan rápido, vaquero. El tema es que estamos teniendo muchos casos de fraude de identidad y estamos comprobando que la gente que vive en la casa es la que tenemos en nuestras listas
- (fraude de identidad, suena bien) Que mala suerte, justo hoy no hay nadie en casa, solo estoy yo (espero que no se oigan los ruidos de mis compas de piso jugando al monopoly en la habitación de al lado)
- Vale, bueno, rellena esta lista con la gente que vive ahora mismo aquí
- A ver… uhm, ya está
- Pero aquí has puesto 2 personas y me sale que en este piso viven 3
- Ya, es que estamos alquilando la habitación que falta, todavía no ha venido nadie. Creemos que es porque el anterior inquilino, un tal Pablo, la ha dejado muy sucia y ahora nos cuesta alquilarla con ese olor.
- Bueno, y tu eres? (mirando la lista)
- Yo soy Alfonso, lo tienes ahí abajo. Soy estudiante así que no pago council tax
- Alfonso, eh… Eres español no? Puedes firmar aquí?
- Si, soy de León. Un sitio precioso en esta época del año, deberías ir. Nadie bebe té allí. (Escribo Alfonso en la hoja de papel y después lo tacho varias veces como intento de firma. Esto prueba una vez más que todo esto de las firmas es una estupidez desorbitada)
- Uhmm, tengo una duda…
- Uy, que se me quema la cena
- (portazo)

Lo mejor es que Alfonso hacía como seis meses que ya no vivía en la casa.

Conseguí librarme con trucos baratos como este durante casi un año. Cuando renovamos el contrato el Noviembre pasado los terribles imbéciles de nuestros caseros les enviaron una copia del mismo a los chupasangres del ayuntamiento y a los pocos meses llegó una nueva factura del council tax a mi nombre. Me imagino las risas y cachondeos que habrá habido en el ayuntamiento a mi costa. No obstante no han investigado acerca del periodo en el que supuestamente no vivía aquí. Tan solo la factura, acompañada de una carta muy educada explicándome los diferentes métodos de pago. Creo que era algo como una petición educada de rendición unilateral: acepta la derrota y paga y lo dejamos aquí o sino atente a las consecuencias. En ese momento yo ya acusaba las bajas y me sentía como si hubiera estado en mi propio Stalingrado. No valía la pena seguir la lucha, al final ellos siempre ganan. Además quien sabe, quizá con el dinero que yo pago de council tax un niño estudia en una escuela mejor o pueden arreglar un boquete del suelo, quizá esté haciendo una buena acción después de todo. Así que cogí la factura, fui a un banco cercano y pagué, aceptando con este acto simbólico la derrota definitiva y mi rendición. Tras un año de guerra, todo volvía a su curso natural.

Hace un par de días llegó una nueva carta del council tax. En ella el ayuntamiento expresaba su gratitud por el pago, informandome un poco de las nuevas iniciativas que había y me comunicaban con gran júbilo que a partir de ahora podría pagar más facilmente gracias a la nueva tarjeta monedero del council. Adjunta venía una tarjeta amarilla con mi nombre impreso justo debajo de unas letras grandes que ponían COUNCIL TAX. Creo que nadie más aparte de ellos y yo ve la tremenda, terrible ironía de esa tarjeta. Ellos habían ganado y aun encima se permitían cachondearse en mi propia cara con ese insulto de plástico. He de reconocer que me dolió pero ya se sabe, en todas las guerras el ganador tiene ciertas ventajas y los derrotados tenemos que aceptar sus reglas.