martes, septiembre 05, 2006

Alta fidelidad

Esta mañana decidí que quería comprarme unos auriculares buenos. Últimamente he notado que los uso mucho; a veces me gusta escuchar la música alta y me suelo acostar tarde. Además los que tenía eran de esos que se agarran a las orejas y al par de horas de usarlos el dolor es tan espantoso que me di cuenta de que me estaba dejando el pelo largo solo para amortiguarlos un poco. La lógica nos dice que si usamos algo mucho, no está de más invertir en un algo de calidad. Además tengo que cortarme el pelo.

¿Qué es lo que hace todo informático que se precie antes de comprar algo, sea lo que sea? Efectivamente, se lee 300 páginas web sobre el tema, especialmente foros donde gurús sobre el tema nos enseñan todos los secretos. Lo que interesa es encontrar un sitio o varios en los que se hable a “nivel pro”. Uno distingue algo “pro” cuando:

- De entrada no conocemos casi ninguna marca o modelo
- Se echan pestes de lo que más se vende o es más popular y sería nuestra primera opción si no hubiéramos leído esa web/foro (veis por eso hay que investigar!)
- En general todo es caro, y de lo que más se habla es lo más caro aunque en principio todo el mundo admite que solo un 0.1% de la gente que lo use sería capaz de notar la diferencia
- La web o foro tiene un diseño ultracutre, que parece sacado de 1993. Esto es opcional pero da puntos

Una vez localizada la web víctima, nos pondremos a leer ávidamente. En cinco minutos sabremos las bases. En diez minutos conoceremos las marcas y modelos. En quince estaremos hartos de los malditos dependientes de las tiendas que no tienen ni puta idea. En 20 nos reiremos de los pardillos que entran al foro a preguntar tonterías de principiante.

Los foros son un ecosistema en si mismos. A veces es difícil no sorprederse ante la cantidad de gente que hay al parecer dedicada en cuerpo y alma a absolutamente cualquier tema que se nos pueda ocurrir. Nosotros llegamos al foro y de repente somos saturados de una cantidad ingente de marcas, siglas, opiniones, prejuicios. Los primeros momentos son siempre mágicos: un nuevo mundo se abre ante nosotros, y estamos justo en el sitio donde los maestros de ese mundo expresan sus opiniones con ardua pasión. Hay algunas cosas que son comunes a casi todos estos tipos de foros. Por ejemplo, el primer susto nos lo llevamos con el número de mensajes que alguna gente lleva escritos (en cada mensaje de un usuario de un foro suele venir el número de mensajes de ese usuario). ¿19.000 mensajes? ¿Es eso posible? ¿Y, asumiendo que es posible... es sano? Normalmente la gente con muchos mensajes ya se conocen entre ellos y han establecido una especie de cultura forera que los iniciados pronto imitan. Tics comunes incluyen, por ejemplo, ponerse una firma con una enorme lista del equipo que tienes, que se repite cansinamente en cada mensaje que escribes. Esto es algo así como “pues la mía es así de larga”. En los foros de auriculares es algo así como:

Fulanito (12,472 posts) ha escrito:

Tíos estoy deseando probar el nuevo DBH502, lo acabo de encargar. Quiero ver la diferencia con mi DBH501

-------------------------------------------- <- firma
Equipo para casa: Altavoces LOSTIA 100.000W + Ampli LAPERA 500Wx2
Equipo para la oficina: iPod 60gb + ampli 2v2p 33.1ª + AKG DBH501 + cafe expresso
Equipo portable: iPod nano 4gb + Sennheiser 555porelculotelainco
Equipo cuando me baño: Creative mp3 sumergible + waterproof Technics 212.1 (tuneado)


Otra cosa muy común son los avatares temáticos. Un avatar es un pequeño gráfico que sale junto a tu nombre de usuario y se supone que te representa de alguna manera. En el foro de auriculares la gente tenía fotos suyas con auriculares enormes. Otros, menos atrevidos, ponen fotos de modelos o actrices famosas que algún paparazzi despistado tomó mientras estaban escuchando música plácidamente con sus cascos. Por cierto, no vi a ninguno con una foto de la princesa Leia pero para mi sería la opción más obvia (así que seguro que por eso nadie se lo pone).

Por supuesto, estos foros son fuertemente elitistas, aunque la gente suele ser bastante accesible y les encanta compartir su información (yo si supiera tanto de altavoces estoy seguro de que también estaría deseoso de compartirlo). Un novato que entre preguntando será normalmente bien recibido aunque muchas veces un poco ignorado debido a que habrá hecho una pregunta contestada 100 veces. No obstante si se te ocurre mencionar el modelo maligno verás a los veteranos del foro en acción. El modelo maligno es probablemente el modelo más popular del mercado, que todos los amateurs (amateur es un término que todos los amateurs que pueblan los foros usan despectivamente para referirse a todos los que no son ellos pero que dicen entender del tema) fardan de tener ante la gente “normal”. En el caso de los auriculares la víctima son los Bose Triport (los que venden en las tiendas Apple), basta mencionarlos para conseguir un buen número de respuestas variando entre condescendientes y sarcásticas (en el fondo les encanta).

Lo mejor de todo es que es bastante difícil sacar ninguna conclusión después de leer este tipo de foros un buen rato, y muy frecuentemente acaba uno más liado de lo que empezó. Esto es porque lo que nosotros creíamos que era una cuestión técnica en realidad es una valoración personal subjetiva muy similar a la opinión que puede tener uno de un cuadro o una canción. Muy pronto acabas preguntándote si no merece la pena pagar un poco más para arañar 2Hz más a los bajos y tener ese ohm menos de impedancia, aunque en realidad tampoco sabes muy bien que es nada ni mucho menos has visto de cerca un ohm. Después de haber estado en esta situación ya varias veces, hay una regla que me suele funcionar: comprar el más barato. Normalmente todo de lo que habla esa gente es bueno o muy bueno. Es más, seguro que tendrían problemas para percibir la diferencia entre el más caro y el más barato, así que el más básico está a años luz de lo que nosotros pobres mortales podemos llegar a discernir. En realidad muchas veces se trata más de “tener el mejor” y de masturbación técnica que de resultados, así que es mejor ahorrarse algo de pasta.

Es por cosas como estas por lo que amo internet. En internet tenemos multitud de mundos para explorar a solo un par de clicks. En internet encontramos a gente que es capaz de hablar con una pasión desmesurada sobre cualquier cosa, auriculares, cámaras, abrelatas, coches, porno... para ellos dejan de ser objetos normales y cotidianos y se convierten en un hobby o incluso un modo de vida. Nosotros tenemos la posibilidad de ir ahí y compartir eso, y aunque solo una pequeña parte se pegue, nunca seremos capaces de mirar igual a nuestros auriculares o abrelatas: a partir de ahora serán una obra de artesanía, un pozo de sabiduría, un objeto de deseo.

Yo por mi parte soy el nuevo dueño de unos flamantes auriculares Grado SR60. Suenan tan bien que me parece escuchar nuevos instrumentos en mis canciones preferidas. Estoy redescubriendo la mayoría de la música que tenía por ahí. Y además, han sido más baratos que esa mierda amateur del Triport.



Agradecimientos:
- A toda la gente que escribe en foros

domingo, junio 11, 2006

Tora tora tora!

Hoy he perdido la última batalla de una larga guerra. He luchado contra un enemigo más fuerte, más grande y, lo que al final le ha dado la victoria, más paciente. No obstante he encajado bien mi derrota y pensándolo bien, en cierto modo yo luchaba en el bando de los malos. Este post es la crónica de esa guerra.

Una de las cosas más caóticas de Inglaterra son las facturas. Creo que ya lo he contado alguna vez, pero esta vez me voy a extender un poco más. Lo primero que choca es que en este país se usan cartas para casi todo. Las facturas te las envían por carta, las tarjetas de crédito, hasta los contratos de trabajo, que tienes que firmar y devolver (cuando estás todos los dias trabajando en la misma oficina que el que te lo envió)! Casi toda la burocracia funciona por medio de cartas, recibes cartas, mandas cartas. Hoy en día esto casi resulta exótico. Incluso un pueblo primitivo y salvaje como los españoles tenemos claro que eso de las cartas es una mierda, son terriblemente fáciles de perder, lentas y además si te mudas un auténtico dolor de muelas el cambiar todo al nuevo domicilio. Da la impresión de ser un residuo de la época del imperio (que nostálgicos son), pero el caso es que se siguen usando cartas para casi todo.

Especialmente bizarro es el tema de la facturas. Más aún si lo unimos al hecho de que aquí no tienen DNI. Todo depende del nombre y la dirección a la que te envían la carta en cuestión. Incluso puedes dar un nombre falso, que no pasará nada, para ellos serás un nombre falso y una dirección y nada más. No hace falta ser muy ingenioso para imaginarse el número absurdo de nombres falsos y facturas impagadas que hay por aquí. Ni siquiera hace falta usar un nombre falso, porque un nombre no es prueba de nada y además puede haber decenas de personas con el mismo nombre en una ciudad como esta. Uno puede pensar que bueno, al fin y al cabo, puede que no nos puedan localizar, pero no pagar el agua suele ser sinónimo de no tener agua, lo cual nos impediría hacer té, que no puede ser. Pero ni eso! Por ejemplo, a nuestro piso, en el que ha vivido bastante gente en los últimos años, nos han llegado facturas de un año de impago del agua de los anteriores inquilinos. Un puto año! Como no me creo que estuvieran un año sin hacer té, deduzco que las compañías no dedican mucho tiempo a estas cosas. Sí, llegan cartas de amenazas de juicios y cosas por el estilo, pero no les cortaron el agua. Me imagino que la empresa de agua o del gas deben de tener tantos millones de impagos que solo pensar en perseguirlos un poco más en serio que unas cartas les costaría más que dejarlos correr. Yo creo que es todo culpa de no tener DNIs, pero aquí siguen en contra (jeje, que pillos).

Nosotros decidimos pagar las facturas desde el principio. Como buen español me sentí un poco tonto pagando algo que podría evitar, pero cuando uno vive en un país tiene que adoptar sus costumbres. La única que no quise pagar fue la del Council Tax. El council tax es un impuesto que se paga todos los meses al ayuntamiento por vivir donde vives. Un impuesto un tanto sospechoso y que uno no ve muy bien para que sirve, y que además es caro. El caso es que yo en aquel momento vivía con otros dos compañeros que eran estudiantes y si eres estudiante no tienes que pagar council tax, así que los dos se lavaron las manos y al final quedé yo solo cual David ante el Goliat de la administración pública. Todo esto me cabreó bastante, yo no veía ninguna razón para pagar aquello, sobre todo cuando la casa no es mía. Así que decidí iniciar la guerra: si querían que yo pagara tendrían que pasar por encima de mi cadáver.

Cuando uno pelea contra una organización tan grande y maligna como una administración pública tiene que tener claro cuales son sus armas. Las mías eran básicamente la capacidad de inventarme las mentiras más gordas. La lucha se prolongó durante varios meses. Tuve que usar diferentes técnicas y estrategias, pero parecía que al principio yo me ponía en cabeza. Lo primero que hice es llamar y decirles que yo ya no vivía en el piso a pesar de que el ayuntamiento está a 40 metros escasos de mi casa y todas las demás facturas seguían a mi nombre. Me llevó muchos días, llamadas telefónicas y dolores de cabeza convencerlos, pero lo conseguí dándoles un par de direcciones inventadas por el camino. El momento más bajo de toda la guerra fue cuando un día llamaron al timbre y fui a abrir. La conversación con la chica que estaba al otro lado de la puerta fue más o menos así:

- Hola
- Hola
- Quien eres?
- Soy una inspectora del council tax
- Mierrr…. Esto… ah, estupendo, en que puedo ayudarla, quiere un té?
- No, soy alérgica a esa mierda. Cuando era pequeña me salían bultos terribles cada vez que me bebía un té. Estoy aquí para hacer una especie de censo.
- Euhmm, genial, me temo que no podré ayudarla mucho en eso, malamente puedo contar. Con su permiso, hasta lue….
- No tan rápido, vaquero. El tema es que estamos teniendo muchos casos de fraude de identidad y estamos comprobando que la gente que vive en la casa es la que tenemos en nuestras listas
- (fraude de identidad, suena bien) Que mala suerte, justo hoy no hay nadie en casa, solo estoy yo (espero que no se oigan los ruidos de mis compas de piso jugando al monopoly en la habitación de al lado)
- Vale, bueno, rellena esta lista con la gente que vive ahora mismo aquí
- A ver… uhm, ya está
- Pero aquí has puesto 2 personas y me sale que en este piso viven 3
- Ya, es que estamos alquilando la habitación que falta, todavía no ha venido nadie. Creemos que es porque el anterior inquilino, un tal Pablo, la ha dejado muy sucia y ahora nos cuesta alquilarla con ese olor.
- Bueno, y tu eres? (mirando la lista)
- Yo soy Alfonso, lo tienes ahí abajo. Soy estudiante así que no pago council tax
- Alfonso, eh… Eres español no? Puedes firmar aquí?
- Si, soy de León. Un sitio precioso en esta época del año, deberías ir. Nadie bebe té allí. (Escribo Alfonso en la hoja de papel y después lo tacho varias veces como intento de firma. Esto prueba una vez más que todo esto de las firmas es una estupidez desorbitada)
- Uhmm, tengo una duda…
- Uy, que se me quema la cena
- (portazo)

Lo mejor es que Alfonso hacía como seis meses que ya no vivía en la casa.

Conseguí librarme con trucos baratos como este durante casi un año. Cuando renovamos el contrato el Noviembre pasado los terribles imbéciles de nuestros caseros les enviaron una copia del mismo a los chupasangres del ayuntamiento y a los pocos meses llegó una nueva factura del council tax a mi nombre. Me imagino las risas y cachondeos que habrá habido en el ayuntamiento a mi costa. No obstante no han investigado acerca del periodo en el que supuestamente no vivía aquí. Tan solo la factura, acompañada de una carta muy educada explicándome los diferentes métodos de pago. Creo que era algo como una petición educada de rendición unilateral: acepta la derrota y paga y lo dejamos aquí o sino atente a las consecuencias. En ese momento yo ya acusaba las bajas y me sentía como si hubiera estado en mi propio Stalingrado. No valía la pena seguir la lucha, al final ellos siempre ganan. Además quien sabe, quizá con el dinero que yo pago de council tax un niño estudia en una escuela mejor o pueden arreglar un boquete del suelo, quizá esté haciendo una buena acción después de todo. Así que cogí la factura, fui a un banco cercano y pagué, aceptando con este acto simbólico la derrota definitiva y mi rendición. Tras un año de guerra, todo volvía a su curso natural.

Hace un par de días llegó una nueva carta del council tax. En ella el ayuntamiento expresaba su gratitud por el pago, informandome un poco de las nuevas iniciativas que había y me comunicaban con gran júbilo que a partir de ahora podría pagar más facilmente gracias a la nueva tarjeta monedero del council. Adjunta venía una tarjeta amarilla con mi nombre impreso justo debajo de unas letras grandes que ponían COUNCIL TAX. Creo que nadie más aparte de ellos y yo ve la tremenda, terrible ironía de esa tarjeta. Ellos habían ganado y aun encima se permitían cachondearse en mi propia cara con ese insulto de plástico. He de reconocer que me dolió pero ya se sabe, en todas las guerras el ganador tiene ciertas ventajas y los derrotados tenemos que aceptar sus reglas.

jueves, abril 20, 2006

En el corazón del Imperio

La segunda parte de nuestro viaje empezo en la estacion Central de Tokyo, donde teniamos que coger el tren bala a Kyoto. Las estaciones mas grandes de Tokyo son de un tamaño absurdo. Si tenemos en cuenta que la estacion de Shinjuku es la que mas tráfico tiene del mundo, con mas de un millon de pasajeros diarios, nos podemos hacer una idea del tamaño, la intensidad y lo perdido que yo habría estado si no me hubieran llevado de la mano. Estas estaciones dan una impresion muy similar a los aeropuertos: tienen las mismas cintas mecanicas, tiendas de libros y comida, etc. Eso si, todo sale a su hora: no he visto ni un solo tren en Japón que no llegara al segundo exacto previsto. Como para reirse de lo de la “puntualidad inglesa”



Nos acomodamos en nuestros asientos del tren rodeados por un montón de ejecutivos japoneses, que son algo así como la versión moderna de los samurai, la clase guerrera, con corbatas en vez de espadas y trajes en lugar de armaduras. Por cierto, ¿soy yo el único que pensaba que el tren bala funcionaba sin ruedas, solo con inducción magnética? Me lleve una sorpresa y mi novia se rio de mi cuando se lo dije. Al parecer ese tren existe pero solo hace una ruta especial. El tren bala o Shinkansen es un tren normal, solo que bastante mas rápido y es lo más usado para moverse dentro de Japón. Ademas en cada nueva versión del tren son capaces de aumentar la velocidad y la calidad del servicio (si el software funcionara igual!).

El viaje en si es cómodo y se ven paisajes interesantes. Japón es un país bastante diferente a Europa en muchos aspectos, pero a veces algunos son bastante sutiles y resulta difícil darse cuenta. Por ejemplo, los bosques resultan un poco extraños a la vista, seguramente por el bambú. Es una pena que fuera pleno invierno y no haya podido ver uno de los acontecimientos mas importantes e interesantes de Japón: la primavera. En Japón todo el mundo espera ansioso la llegada de la primavera y observar las flores de cerezo es una especie de deporte nacional. Bueno, podemos decir que es una puerta abierta a un segundo viaje.

La llegada a Kyoto es bastante rara y posiblemente diferente a lo que uno espera: la estación es un edificio enorme y muy moderno que choca bastante con la imagen de ciudad tradicional que uno espera encontrar. Por supuesto, como en casi todos los edificios japoneses, en la estación hay 2 hoteles, 14 restaurantes, 2 oficinas de turismo y alguna que otra tienda de souvenirs. La parte de Kyoto que rodea a la estacion es levemente decepcionante, la verdad es que la ciudad no parece gran cosa si uno solo ve eso, y desde luego no te prepara para lo que viene despues.

Para recorrer Kyoto, cogimos un tour guiado en ingles. La verdad es que fue genial y se lo recomiendo a cualquiera que vaya. En Kyoto hay unos 2000 templos, así que salvo que uno tenga claro lo que quiere ver es fácil meter la pata. Ademas los mejores estan bastante diseminados asi que en el tour ves lo más interesante mucho mas rápido, con el añadido de que el guía da explicaciones bastante interesantes sobre historia y cultura japonesas. También tiene gracia ver a todos los turistas americanos haciendo preguntas y poniendo caras raras ante la comida japonesa.



Kyoto es una ciudad que da la impresión de estar sumergida en naturaleza. Está en una especie de valle, rodeada de montanhas cubiertas de bosques por todas partes menos una, asi que casi dondequiera que mires la calle termina en árboles. Esto da una sensación muy especial a la ciudad que encaja muy bien con el caracter tradicional y religioso. Muchos de los templos estan en partes altas, dándote la impresión de que peregrinas hacia ellos y te recompensan con vistas impresionantes de la ciudad desde lo alto.

Nos pasamos el dia viendo los templos budistas mas importantes, así como los palacios del shogun (antiguo gobernador militar de Japon) y el emperador. En todos estos lugares se respira paz y tranquilidad. Yo me imaginaba en kimono dando un paseo por los jardines zen, parándome a escuchar el murmullo de una pequeña cascada. Los sitios invitaban a ello. Me pregunto hasta que punto Japón o el resto del mundo en general ha ganado en calidad de vida...



Por la tarde fuimos a dar un paseo por Gion, el distrito de Kyoto donde tradicionalmente viven y trabajan las Geishas. Después de 200 libros, películas y en general el boom de la estética oriental, iconizado en la figura de la Geisha japonesa, a uno no le extrañará que las pobres estén hasta los santísimos cojones de los turistas. Hay incluso tours con guía que te llevan a sitios en los que suele verse alguna a veces para que en caso de que asome la nariz un palmo la puedas acosar cual paparazzi. Además quedan muy pocas y las famosas casas de te, donde trabajan, son lugares absolutamente vedados: no puedes entrar salvo que tengas un “patrón”. De todas formas Gion vale la pena, es el tipo de barrio que uno espera encontrar visitando Kyoto: calles estrechas con edificios de madera, gente con kimono y zuecos, una lejana melodía de shamisen... Después de pasear un rato (tampoco es un barrio muy grande) fuimos a un restaurante de la zona en el que confirmé que sentarse en el suelo es muy auténtico pero algo incómodo y que no se entiende como los japoneses están tan delgados con la cantidad de comida que te sirven si pides un menú. Camino al hotel, estaba intentando contarle un chiste español a mi novia (no lo intenteis, no funciona) cuando de repente me tiró fuerte de la manga de la chaqueta. Yo ya iba a pedirle perdón por el chiste cuando miré al frente y la vi. Pasos cortos, un kimono inusualmente elegante, un peinado perfecto y una cara pálida, demasiado pálida para ser real, cruzada por unos finos labios rojos. Me quedé quieto, como hipnotizado y ella me hizo una reverencia. Sin saber muy bien que hacer, pero dándome cuenta de lo especial del momento, le sonreí y la geisha se alejó y se perdió en una de las calles contiguas. Nos fuimos al hotel dando un paseo, con la sensación de que habíamos vivido un día irreal, fantástico.

Estuvimos en la antigua capital del Imperio un par de días más. Después partimos hacia Nara, una ciudad cercana. Dejar Kyoto no es una cosa que me apetezca hacer todos los días, es una ciudad única, maravillosa y que no os deberíais perder si en algún momento, por casualidad, pasais a menos de 1000 kilómetros. Nara está también muy bien. Es muy curioso, pero está llena de ciervos. Están en todas partes, sueltos por la calle, alrededor de los templos y vagando por los jardines. La verdad es que son bonitos y quedan espectaculares en las fotos pero al final hay que pasar una cantidad de tiempo no despreciable evitando pisar sus “regalitos” y además como se den cuenta de que llevas comida son unos pesados.



Los últimos días en Japón los repartimos entre visitar a los padres de mi novia, que nos llevaron a ver el mar y unos pueblos de pescadores y dar un último repaso a Tokyo, cantar en un karaoke y tomar una copa en el bar donde rodaron Lost In Translation. Yo ya estaba temiendo el síndrome postvacacional.

En el viaje de vuelta me tocó al lado en el avión un informático. Nada más sentarse se quedó dormido. Se despertó por primera vez dos horas después cuando trajeron la primera comida. Se la comió en el tiempo en el que yo decidía si atacar la ensalada con tenedor o palillos y se volvió a quedar frito. Otra hora más tarde se volvió a despertar, sacó un portátil, se puso a mandar mails y a modificar un par de excels y a los pocos minutos se volvió a quedar dormido. Durante las siguientes 8 horas estuvo despertándose cada media hora para mandar otro mail, borrar una línea de un fichero o comerse la cena en 10 segundos. Yo, por mi parte, ante su actitud absurda intenté ver alguna película. Vi Harry Potter 4 (no sabía que había tantas), que a pesar de sus personajes tontos y exagerados, de estar llena de tópicos teen americanos (tiene un “baile del instituto” y todo) y de ser vergonzosamente previsible, me pareció más entretenida que la que vi en segundo lugar: La novia cadáver, valiente bodrio.

De paso, un pequeño inciso: Estoy hasta los huevos de Tim Burton. Estoy hasta los huevos de sus películas aburridas con canciones ñoñas pero de las que es fácil hacer muñecos y bolsos. Corolario: estoy hasta los huevos de los muñecos y los bolsos de Pesadilla antes de navidad. Y me está cargando ya su estética gótico-disney totalmente sobreusada y empalagosa. Y la sistemática falta de calidad de sus últimas películas, con argumentos tramposos, idiotas e infantiles, que demuestran que el tío lo único que hace es vivir de rentas de la fama que le han dado dos películas, ponerse gorras ridículas y estafar y reirse de un montón de chavales que se compran subnormalidades profundas directamente enfocadas a marketing de muñecos como la Ostra esa. Tim Burton déjanos en paz antes de que dejen de gustarnos hasta tus películas que valen la pena. Y, por favor, deja de ponerte esas gorras.

Tras la sesión de cine, una siesta y unas 100 páginas de libros varios aterrizamos por fin en Londres. Las moquetas me esperaban de nuevo. Seguí el camino para europeos en el control de pasaportes. Las caras de la gente se me hacían raras, pensaba todo el rato, que raro, no se suelen ver tantos gaijin... se ve que mi cerebro no quería asumir su nueva situación. Subí al metro con una sensación extraña: yo no debería estar aquí. La gente colocaba sus maletas cerca de los asientos y trataban de dormir un poco. Cerré los ojos. El tren me llevaba a casa.